Existe un
consenso más o menos generalizado en señalar que el deporte moderno nació en
Inglaterra, en el siglo XVIII, mediante un proceso de transformación de juegos
y pasatiempos tradicionales en el que tuvieron un papel relevante las escuelas
y clubs ingleses.Algunos personalizan más y señalan a la figura de Thomas Arnold (1785
- 1842), director del Colegio de Rugby en la primera mitad del siglo XIX.
Arnold, clérigo además de pedagogo, quiso fomentar la afición por los juegos
reglamentados como método para desarrollar la solidaridad, la competitividad y
el “juego limpio” entre sus alumnos.
Pero
dejando a un lado anécdotas circunstanciales el deporte tal y como hoy
lo concebimos surgió y se consolidó en todo el mundo a finales del
siglo XIX debido a fenómenos sociales, de clase, muy concretos. Demos la
palabra al historiador Eric Hobsbawm y su libro ‘La Era del imperio (1875-1914)’:
“El principal objetivo de la nueva pequeña burguesía era el de distinguirse de
la clase obrera”
“La
segregación residencial –casi siempre en un barrio adecuado- era una forma de
estructurar a esas masas de vida confortable en un grupo social. Como hemos
visto, la educación era otro procedimiento. Ambos aspectos estaban vinculados
por una práctica que se institucionalizó en el último cuarto del siglo XIX: el
deporte. Formalizado en ese periodo en el Reino Unido, que aportó el modelo y
el léxico, se extendió como la pólvora a otros países. En un principio, su
forma moderna estaba asociada con la clase media y no necesariamente con la
alta. En ocasiones, los jóvenes aristócratas podían intentar algún tipo de
hazaña física, pero su especialidad era el ejercicio relacionado con la monta,
muerte o ataque de animales o personas: la caza, el tiro al blanco, la pesca,
las carreras de caballos, la esgrima… De hecho, en el Reino Unido, la palabra deporte se
reservaba originalmente para este tipo de actividades, mientras que los juegos
y pruebas físicas que ahora llamamos deporte eran
calificados como ‘pasatiempos’. Como de costumbre, la burguesía no solo adoptó
sino que transformó formas de vida aristocráticas.”
“Los
nuevos deportes llegaron también a la clase obrera, y ya antes de 1914 algunos
de ellos eran practicados con entusiasmo por los trabajadores –en el Reino
Unido eran aproximadamente medio millón los que practicaban el fútbol- y eran
contemplados y seguidos con pasión por las multitudes. Este hecho otorgó al
deporte un criterio intrínseco de clase, el amateurismo, o más bien la
prohibición o segregación estricta de casta de los ‘profesionales’. Ningún
amateur podía sobresalir auténticamente en el deporte a menos que pudiera
dedicarle mucho más tiempo de lo que era factible para las clases trabajadoras,
salvo que recibieran un dinero por practicarlo. Los deportes que llegaron a ser
más característicos de la clase media, como el tenis, el rugby, el fútbol americano
(…) rechazaban tenazmente el profesionalismo. El ideal amateur, que tenía la
ventaja adicional de unir a la clase media y a la nobleza, se encarnó en la
nueva institución de los Juegos Olímpicos (1896), creación de un admirador
francés del sistema británico de escuelas privadas.
“Que
el deporte era considerado como un elemento importante para la formación de una
nueva clase dirigente según el modelo del ‘caballero’ burgués británico de
escuela privada resulta evidente por el papel que correspondió a las escuelas
en su introducción en el continente. (Frecuentemente, los futuros clubes
profesionales de fútbol estaban formados por equipos de trabajadores y del
personal directivo de empresas británicas asentadas en el extranjero.) Es
indudable también que el deporte tenía una vena patriótica e incluso
militarista. Pero también sirvió para crear nuevos modelos de vida y cohesión
en la clase media. El tenis, que comenzó a practicarse en 1873, no tardó en
convertirse en el juego por excelencia de los distritos de clase media, en gran
medida porque podían practicarlo miembros de ambos sexos y, por lo tanto,
constituía un medio para hacer amigos que no habían sido presentados por la
familia. El alpinismo, el nuevo deporte del ciclismo (que se convirtió en el
primer deporte de masas entre las clases trabajadoras del continente) y los más
tardíos deportes de invierno, precedidos por el patinaje, también se
beneficiaron de forma importante de la atracción de los sexos y, por esa razón,
desempeñaron un papel importante en la emancipación de la mujer.” En la historia de la humanidad, específicamente a
partir de la Edad Media, se ha producido Un continuo incremento de la presión social
sobre las personas para que ejerzan auto-control de Sus sentimientos y conductas, lo que produjo
un cambio de equilibrio entre las presiones externas E internas aumentando la
importancia de la “conciencia” como regulador del comportamiento, es Decir,
durante el proceso de civilización las diferentes instituciones fueron
internalizándose en los Sujetos operando por debajo del umbral de la
racionalidad y del control consciente, por ejemplo, Mediante la aparición de
sentimientos de culpa, ansiedad y vergüenza.
El deporte moderno, desde su aparición, ha incorporado
funciones de socialización y de reproducción
de la ideología dominante; éste se desarrolla, organiza y funciona de manera análoga
a la sociedad industrial, contribuyendo a que los individuos que forman parte
de la misma asuman de manera acrítica sus principios y valores, como
característicos de un orden natural que fundamenta la existencia social, en ese
sentido, Brahma señala que los pilares del deporte moderno se van construyendo durante el proceso
de industrialización en torno a factores tales como la competencia mercantil,
observable en la competición sistemática; como esencia de la práctica y como
valor de progreso; la selección y clasificación observable en la idea de que el
deporte mejora la jerarquía y promoción
social, como medio de situar a cada individuo en el lugar que le corresponde en
cada momento según su aptitud; la objetivación de la ganancia y la medida,
análogamente la cuantificación de los resultados, como forma objetiva de
valorar el trabajo efectuado y de compararlo; el maquinismo industrial en la
idea de rendimiento, como principio de valoración del progreso y de la
inversión realizada; y la especialización, subsidiaria del principio de
rendimiento, como forma de obtener más y mejores resultados. Los Estados, desde
la perspectiva del ámbito público a través de sus gobiernos, también han
intervenido de manera decisiva. El deporte moderno surge en el ámbito de la
esfera privada e inició su crecimiento y difusión en el seno del estado
liberal, a través de organizaciones civiles tales como clubes, federaciones,
asociaciones que dispusieron de autonomía para configurar, organizar,
reglamentar y sancionar la práctica deportiva. Ahora bien, la aceptación,
expansión y capacidad de movilización de masas que junto con el proceso de
industrialización fue adquiriendo lo convirtió en un fenómeno socio-cultural y
económico que el Estado no podía ignorar, en virtud de las posibilidades que
ofrecía para satisfacer determinado tipo de intereses políticos. Con la aparición
del Estado contemporáneo -o Estado social, Estado de bienestar- los poderes
públicos dejan de ser ajenos a los procesos e intereses sociales, surgiendo una
política decididamente intervencionista y reguladora en el terreno deportivo
como consecuencia de la nueva orientación social de la política. Así, el
deporte pasa a ser considerado políticamente como un servicio social que el
Estado debe proporcionar a los ciudadanos para su beneficio y bienestar
personal. Meynaud sostiene que si bien los móviles para la intervención de los
poderes públicos son variados, hay tres que llegaron a justificar la
intervención permanente del Estado en el ámbito deportivo: a- la necesidad de salvaguardar el orden público durante la realización de manifestaciones o espectáculos deportivos.
b- el deseo higiénico de mejorar la condición física de la población con una triple finalidad: equilibrio personal, preparación militar y rendimiento laboral.
c- afirmación del prestigio nacional de los Estados y, por consiguiente, de sus gobiernos en relación con sus ciudadanos- que se deriva de la obtención de victorias en los enfrentamientos internacionales, las cuales se interpretan como signos del desarrollo socio económico de los países. Este móvil, ha terminado por convertir a los equipos deportivos en delegaciones nacionales, representantes directos del honor y del prestigio nacional, y a sus éxitos en servicios al Estado, en motivos de orgullo nacionalista y en medios de incrementar el sentido patriótico de la población, especialmente de la juventud asimismo, el deporte como instrumento para poner de manifiesto la capacidad organizativa, técnica y económica del país correspondiente.
Otras posiciones, consideran que la intervención
del Estado en el terreno deportivo responde a la finalidad de despolitización,
utilizando el deporte como medio de distraer a la opinión pública de los
problemas políticos, posiciones éstas desde donde es lícito inferir que debajo
de la retórica oficial y privada sobre el deporte subyacen intereses políticos,
económicos e ideológicos que han sido los que orientaron los discursos y las
decisiones de los poderes públicos y de las empresas privadas en el terreno
deportivo.

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